“En un tiempo vuelvo para recorrer el sur”

Al principio no habla, casi como esperando a ver qué se le pregunta. Después se suelta y acaba por confiar todas sus sensaciones encontradas. Su fascinación por lo vivido y experimentado, y la bronca por algunas angustias pasajeras como un robo o una discordia con algún jefe ocasional. Después recopila todo eso, con la misma voz aniñada y apenas audible, y deja entrever su aprendizaje:

 

“Es todo parte de esta aventura súper recomendable”.

 

 

Allí en su Atlacomulco natal vive tranquila con los padres, es un pueblo familiar que hace un tiempo dejó para irse a la “gran ciudad”. En el DF rentó un apartamento y se inscribió en la Universidad, para estudiar Comercio Internacional desde hace dos años. Y luego emigró más lejos, pero por menos tiempo. Tomó sus petates, como buena mexicana, y se tomó tres meses para experimentar en Argentina. Más precisamente en Altagracia y Cumbrecita, Provincia de Córdoba.

 

 

“Al principio me pusieron en limpieza, pero luego pedí que me movieran porque creía que estaba para otra cosa”, explica con cierta ingenuidad. Pero sus palabras no podrían tomarse a mal, solo demuestran sus expectativas con el viaje:

 

 “Disfrutar de otra cultura y conocer un mundo diferente”.

 

 

En Solares del Alto entendieron su situación y la movieron a la recepción, previo paso por trabajo en la sección de atención a las habitaciones. Más cómoda en la parte administrativa y contable de los hoteles, aprovechó para conocer gente. “Pasé dos meses en Altagracia, y me enamoré de su gente alegre, súper amable y bonita”.

 

 

Entre las tareas diarias y los paseos por la ciudad, conoció a una amiga que hoy ya es entrañable. Su proyecto conjunto se le escapa de la boca con emoción: “Nos juntaremos en dos años e iremos de mochileras a la Patagonia. Nos hemos hecho grandísimas amigas”. Y agrega sonriente: “Vuelvo a la argentina en dos años”.

 

 

Al volver piensa ir directo a Córdoba a buscar a su amiga. Sin embargo, este viaje le ha permitido, además de tener una práctica profesional, conocer Buenos Aires. Una ciudad que la deslumbró, pero le generó algunos temores: “La gente te recibe bien, pero es algo inseguro. Ves como todo el mundo cuida mucho sus cosas y están algo reacios a la gente”. Y a pesar de su análisis algo crudo, no duda en asegurar que eligió este país por curiosidad, “porque los mexicanos eligen más EEUU y Europa, que es más barato, y yo quería venir aquí, aprovechar la posibilidad”, y que no se arrepiente de haber venido. Por el contrario, vuelve a recomendar a quien quiera oírla que venga para el sur.

 

 

Sin dejar su tono monocorde y cálido, se muestra contenta por volver a México, a ver a su familia que extraña, pero sobre todo el picante. “Me encanta la cultura de aquí, su comida y todo, pero no he encontrado como suplir al picante, ni con Chimichurri ni con nada. Quiero chiles picantes”, exclama añorando lo que llegará pronto.

 

 

Sobre el programa, aunque ella eligió venir más por el viaje en sí mismo que por la práctica, destaca que “con sus altibajos lógicos y la relación con los jefes, que pasa de tensa a cómoda de vez en vez, ha sido más que bueno”. Y asegura, al despedirse: “Hay arroces y manchas, como un robo o una pelea con mi jefa, pero nada empaña está hermosa experiencia. Aprendí dónde moverme en esta ciudad –por Buenos Aires– y realmente lo he pasado en grande”.

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