“Ni pensé que extrañaría o me extrañaría nadie”

La más pequeña de las pasantes que desembarcaron en Argentina este año es ella. Morenita, pelo mota y bien arreglado detrás de las orejas, una vincha rosada y un buzo negro. Retacona, de hablar despacio, con una voz calma y de un notorio acento andino. Ella es Lisbe, una limeña — “de San Martín de Porres”, que con apenas 20 años se fue de casa para conocer otro país, y darse el gusto de, al fin, “estar sola un poco”.

 

Han pasado rápido los tres meses, su labor fue cambiada más de una vez. Hoy está en las oficinas de Ciudad Universitaria, que se encargó de ofrecerle un trabajo cuando quedó sin otra opción. Está emocionada por la vuelta, aunque no quiere regresar, confiesa y admite que ha extrañado. “Ni pensé que extrañaría, ni que alguien pudiera extrañarme a mí”, suelta algo tímida. Cuando se le preguntan las razones, sólo dice que se “peleaba mucho con los padres y ya”.

 

Lisbe es la mayor de tres hermanos, vive con los padres y estudia Hotelería y Administración en la UPC de Lima. Está muy comprometida con sus estudios, le gustan. El programa de pasantías le venía como anillo al dedo. Su destino: el hostel Arquímedes, en Neuquén.

 

“Estuve solo una semana, aunque pensé que me quedaría allí por siempre”, cuenta resignada. Acto seguido, Lisbe relata cada paso de sus desventuras. Peleas y maltrato por parte del gerente, enojos, indiferencia, incomunicación y finalmente la decisión de irse de allí. Luego, admite que muchos de los problemas fueron confusiones o por problemas de arrastre. “Allí llegué tarde porque no pude comprar el pasaje. Me habían robado y me demoré un poco en llegar a Neuquén. Al llegar, me dijeron que no había más trabajo, pero me tomaron igual, casi con lástima”, comienza su relato.

 

“Había dejado la mochila en el Hostal, sin candado, y se llevaron mi dinero”, confiesa con vergüenza, reconociendo su “descuido”. Insistió en el Arquímedes y el gerente la dejó quedarse. “Ya, así empezamos y no muy bien”, explica como si hiciera falta. Dice mucho Ya -pronuncia ia- y normal.

 

Sobre el sitio tiene palabras buenas, aunque aclara que es “muy calmo”. “No hay mucho por hacer. Y yo así, normal”, vuelve a repetir.

 

En Buenos Airesv vive en casa de unos conocidos de Perú, que la alojan y le dan comida, son dueños de locales de flores en el bonito barrio de Palermo. Está muy a gusto allí y no quiere regresar a casa.

 

Lisbe se fue para desplegar sus alas, hacer la suya, conocer, experimentar, y algo enfadada con los padres. Regresa sin ganas, no porque no haya extrañado, sino porque se ha enamorado de la independencia y de Buenos Aires, donde siente que todo es más fácil y libre. Lejos de “los modismos conservadores” de su Lima natal, a la que igual extraña.

 

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