“Este curso me ha dejado Curriculum de por vida”

Víctor es uno de esos jóvenes que, con su carisma, eclipsan a su alrededor. Es corpulento, tiene rulos movedizos y es simpático. Chistoso y con un acento más moderado que el resto de sus compatriotas mexicanos que han arribado a estas tierras del sur del sur. Lejos de la tonada chilanga, Víctor es de Tabasco, y aunque viva en el DF hace unos años por sus estudios en la Universidad del Milenio, no tiene un acento que lo haga notar.

 

Está al borde de acabar su carrera de grado y eso le dio la idea de viajar fuera de los límites de su país para encontrar formación en otras pampas. Eso y la ventaja comparativa posterior de poseer un certificado que acredita sus estudios internacionales en Marketing, precisamente la carrera que está por terminar. “Yo he venido convencido por el curso que se ofrecía, porque no me interesaba tanto la práctica profesional como eso”, se sincera. Y añade sin culpa: “Es solo una semana, pero muy bien dado y, sobre todo, me aporta un certificado de otro país, un gran puntaje y currículum”.

 

Víctor sabe que esta oportunidad le servirá “para cuando acabe la carrera”. El curso, que era sobre su materia, lo puso como el más interesado y avanzado. Aún así, él destaca que el profesor es un experto en el tema. “Lo llevó realmente bien”, confiesa.

 

Pero no solo ha venido por esta semana en Buenos Aires. Víctor paseó sus rulos por las praderas y peatonales de La Cumbrecita y también anduvo por Altagracia, la ciudad donde vivió del mítico Che Guevara, ambas en la provincia de Córdoba. Aunque le gustó mucho, no tenía prejuicios para con los argentinos, a diferencia de sus amigos: “Yo ya habíha venido hace cinco años –relata–. Era pequeño y me trajeron con el Pachuca a jugar un campeonato de fútbol para menores”. Los ojos de Víctor se entrecierran un poco para recordar y luego alza la voz y su índice izquierdo, para soltar la respuesta: “Kempes Internacional”. Así se llamaba el torneo en el que participó.

 

Este año aprovechó para interactuar más con los habitantes y la cultura local. Además profundizó su conocimiento de Córdoba y Buenos Aires, sus sitios y lo demás.

“Es hermoso, todo el país lo es”

Dice extasiado y satisfecho por la travesía.

 

-¿Y jugaste al fútbol este año?

 

-No, pues, ya no estoy en eso. Lo amo, claro, pero ya estoy grande para dedicarme a eso y privilegié el estudio. Tú sabes…

 

A pocos días de retornar, recuerda los días vividos con alegría. “Cumbrecita es de los sitios más hermosos del mundo, aunque un poco monótono, inmensamente bello”, cuenta este tabasqueño que pronto dejará las grandes ciudades, esas que ama y odia por igual. Que lo fascinan, pero a las que no elegiría para vivir. “A lo sumo Monterrey, que es intermedia y tengo familia”, cuenta sus planes.

 

Como buen latinoamericano, Víctor es amable por antonomasia e invita a su casa en Tabasco. “Tienes casa cuando quieras”, dice sin pensar en que llevamos pocos minutos de conocernos. Vive en el DF con unos amigos, en el acomodado barrio de Polanco. Allí habrá aprendido de amabilidad a la fuerza, con su piecita rentada y sus compinches infaltables. Aquí no se llevó sorpresas tampoco: “En Córdoba la gente es más amable, pero en todos sitios hay de todo. Aquí es como que están más en su mundo, como en el DF, pero igualmente la mayoría de los porteños son amables“.

 

Antes de despedirse deja un mensaje para futuros visitantes y quienes se atrevan a probar suerte en su programa de práctica profesional en Argentina: “Hicimos amigos fácil. La fama que tiene Argentina y los argentinos no tiene  nada que ver con la realidad. Hace falta ver y conocer para no tener esa idea“. Luego, algo más pausado, arriesga una hipótesis: “Lo que ocurre es que los que viajan si son algo así, pero aquí no es así”.

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